El árbol de las maravillas es el maguey, del que los nuevos o chapetones (como en Indias los llaman), suelen escribir milagros, de que da agua y vino, y aceite y vinagre, y miel, y arrope e hilo, y aguja y otras cien cosas". Así escribió el jesuita José de Acosta en su Historia Natural y Moral de las Indias. Hoy día, como desde hace siglos, los magueyes o agaves con sus imponentes tamaños y extravagantes formas caracterizan los paisajes de las zonas áridas y semiáridas de nuestro país y contribuyen a la conservación y retención del suelo; en algunas regiones se cultivan delimitando bordos o terrazas para evitar la erosión y el deslave de las tierras. Su cultivo hace posible la ampliación de la productividad agrícola en zonas frías y calientes. "Son muy agradecidos" -comentan los campesinos cuando hablan de ellos- se dan dondequiera que uno los siembra, aunque ya estén marchitos".
Los magueyes se reproducen principalmente por los hijuelos que se desarrollan en la base del tallo de la planta madre, o bien por las semillas que produce la floración; ésta que ocurre solamente una vez en la vida de un maguey es el irremediable anuncio de su muerte.
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Resumen personal
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revista: Ciencias UAT vol. 19, pag, 34,35,36,37,38 y 39.
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